miércoles, 23 de marzo de 2016

BENDIGO A TODOS MIS AMIGOS DEL FACEBOOK ,TENGAN BUEN DESCANSO Y DULCES SUEÑOS


EL SEGUNDO TOQUE !!!!!!

 

EL SEGUNDO TOQUE

Rev. Horacio Latté

Para que el Espíritu Santo haga su obra sanadora en nuestro ser interior, en nuestras emociones, necesitamos recibir un “Segundo Toque”. 

Los cristianos recibimos el primer toque del Espíritu Santo.
Él, un día toca nuestro corazón; sabemos y confesamos que es nuestro Salvador, el Señor de nuestra vida. Pero necesitamos abrir aún más nuestro corazón, para que esas "buenas nuevas" penetren en nuestro ser, y Él nos vaya sanando de nuestras emociones dañadas, de nuestros recuerdos dolorosos, de todo aquello que no podemos cambiar.
Observá como Jesús te muestra este “segundo toque” en la sanidad del ciego de Betsaida, relatada en Marcos 8:22:"Cuando llegaron a Betsaida, algunas personas le llevaron un ciego a Jesús y le rogaron que lo tocara. El tomó de la mano al ciego y lo sacó fuera del pueblo. Después de escupirle los ojos y de poner las manos sobre él, le pregunto:¿Puedes ver ahora? 
El hombre alzó los ojos y dijo: -Veo gente; parecen árboles que caminan. 
Entonces Él puso de nuevo las manos sobre los ojos, y el ciego fue curado: recobró la vista y comenzó a ver todo con claridad. Jesús le mando a la casa con esta advertencia: -No vayas a entrar al pueblo.”
¿Qué es lo primero que hizo Jesús? Efectivamente, lo tomó de la mano y lo sacó fuera del pueblo.
¿Por qué? ¡Ah!, no…¿qué tiene de malo si sigo yendo allí, donde me encuentro siempre con mis amigos? ¿Ahora voy a empezar a aburrirme? ¿Y el chico que me vuelve loca, también me lo van a hacer dejar?
A veces estamos en el lugar equivocado para que el Señor trate con nuestras enfermedades y dolencias. Los lugares que frecuentamos no son convenientes. 
Habitualmente, estamos rodeados de personas inapropiadas: amigas, amigos, novia, novio.
Y estamos tan perturbados, tan ciegos, que creemos que si no tenemos "eso"nos morimos.
Cuando las personas entran a los grupos de recuperación como Alcohólicos Anónimos, Narcóticos Anónimos o cualquier otro de los denominados de 12 Pasos, se les suele recomendar que dejen de frecuentar los ambientes o las compañías perjudiciales que les recuerden: "vos sos alcohólico", "a vos te gusta drogarte", "ahí va el ciego".
Nos puede causar dolor y hasta rabia, pero Jesús sabe lo que no es bueno para tu vida. Si te da una orden, dejá que te tome de la mano y te ponga donde Él quiere.
Jesús escupió y puso la mano encima del ciego. Hizo el Primer Toque. Sólo de Él viene la sanidad.
Además, no se sujetó a un método rígido, fijo. Algunas veces, Jesús sanaba solamente con la palabra. Es tan creativo que puede usar diferentes métodos para llegar al mismo objetivo. Algunos creen que Jesús tiene que recurrir a los mismos métodos y a los mismos tiempos con los cuales sanó a otros. Esto nos lleva a anticiparnos, a entorpecer, a alterar sus planes.
Jesús le preguntó: ¿Puedes ver ahora?
Y la respuesta fue: “Algo, veo gente; parecen árboles que caminan".
En el momento del encuentro entre Jesús y el ciego se entabló un diálogo y una relación como con el médico:
“Doctor, me duele la rodilla, pero puedo caminar.” 
“Señor, he dejado de castigar a mi esposa, pero todavía siento ira.”
Ese diálogo es la Oración Específica para la Sanidad del alma.
Aparentemente este hombre tenía una fe débil; no nos olvidemos que fue llevado por otros a conocer a Jesús, fueron otras personas quienes comenzaron a rogarle por él.
Pero luego conoció a Jesús, y desde entonces, la Sanidad fue algo personal a través de la comunicación y la comunión con el Señor. Con esta sanidad gradual la fe de este hombre se fortalecía, y con esa fe se dejó guiar por Él.
Entonces, el Segundo Toque completó la obra que ya se había iniciado. 
En la carta a los Filipenses en el capitulo1 versículo 6, San Pablo escribió: 
"Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la ira perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús."
Finalmente, ¿qué le dijo Jesús?
No vuelvas al lugar de donde te saqué.
¿Cuál es tu pueblo?
No insistas. Esta es una condición para mantenerte sano. No vuelvas al lugar que te contamina, no vuelvas a la carne, andá en el espíritu. Desarrollá tu visión espiritual, mirá con los ojos que Jesús te puso. 
Dale la espalda a ese pueblo donde quedaste ciego.
Dice la Palabra que este hombre quedó restablecido y vio claramente a todos. 
Cuando Dios restaura, mejora el estado inicial; Él pone ojos donde no los hay.
Cuando estamos con nuestras emociones alteradas o con nuestra mente perturbada estamos como el ciego de Betsaida, confundidos.
Cuando recibimos la luz espiritual, podemos ver cada vez con más claridad, mejor que antes.
Si permitimos que el Espíritu Santo entre a ese interior, casi siempre confuso y oscuro, conoceremos qué cosas deben ser sanadas, y nuestra oración podrá ser cada vez más específica

martes, 22 de marzo de 2016

BENDIGO A TODOS MIS AMIGOS DEL FACEBOOK, TENGAN BUEN DESCANSO Y DULCES SUEÑOS !!!!!


LA TRAMPA DE SATANAS !!!!!!

 

La trampa de Satanás

Por John Bevere

Hay una trampa que el enemigo ha creado para alejarnos de la voluntad de Dios: La ofensa.

Al viajar por razones de ministerio a lo largo y a lo ancho de los Estados Unidos, he podido observar una de las más mortales y engañosas trampas del enemigo. Es una trampa que atrapa a innumerable cantidad de cristianos, corta las relaciones y abre aún más las brechas que existen entre nosotros. Es la trampa de la ofensa. 
Muchas personas no logran cumplir en forma efectiva su llamado debido a las heridas y los dolores que las ofensas han causado en sus vidas. Ese obstáculo los incapacita para funcionar en la plenitud de su potencial. La mayoría de las veces es otro creyente quien los ha ofendido, y esto hace que la persona que sufre la ofensa la viva como una traición. En el Salmo 55:12-14, David se lamenta:"Porque no me afrentó un enemigo, lo cual habría soportado; ni se alzó contra mí el que me aborrecía, porque me hubiera ocultado de él; sino tú, hombre, al parecer íntimo mío, mi guía, y mi familiar; que juntos comunicábamos dulcemente los secretos, y andábamos en amistad en la casa de Dios". 
Estas son las personas con las que nos sentamos y con quienes cantamos, o quizá sea el que está predicando desde el púlpito. Pasamos nuestras vacaciones juntos, asistimos a las mismas reuniones sociales, y compartimos la misma oficina. O quizá sea algo aún más cercano. Crecemos con ellos, les confiamos nuestros secretos, dormimos con ellos. Cuanto más estrecha es la relación, más grave será la ofensa. El odio más intenso se encuentra entre las personas que alguna vez estuvieron unidas. 
Los abogados pueden hablar de los peores casos que han manejado, y en su mayoría son los juicios de divorcio. Los medios nos informan continuamente sobre asesinatos cometidos por personas de una misma familia que han llegado a la desesperación. El hogar, que supuestamente debe ser un refugio para protección, provisión y crecimiento, donde aprendamos a dar y recibir amor, muchas veces es la raíz misma de nuestro dolor. La historia nos demuestra que las guerras más sangrientas son las guerras civiles. Hermano contra hermano. Hijo contra padre. Padre contra hijo. 
Las posibilidades de ofensas son tan infinitas como la lista de relaciones existente, sean éstas sencillas o complejas. Esta antigua verdad aún es válida: sólo las personas a quienes amamos pueden herirnos. Siempre esperamos más de ellos, más grandes son las expectativas, más profunda es la caída. 
En nuestra sociedad reina el egoísmo. Hombres y mujeres buscan hoy sólo lo que ellos desean, desatendiendo e hiriendo así a quienes los rodean. Esto no debe sorprendernos. La Biblia dice claramente que en los últimos días los hombres serán "amadores de sí mismos" (2 Timoteo 3:2). Es de esperar que así sean los no creyentes, pero Pablo aquí no está refiriéndose a quienes están fuera de la iglesia sino a quienes forman parte de ella. Muchos están heridos, lastimados, amargados. ¡Están ofendidos! Pero no comprenden que han caído en la trampa de Satanás. 
¿Es nuestra la culpa? Jesús dijo muy claramente que es imposible vivir en este mundo sin que exista la posibilidad de ser ofendidos. Pero la mayoría de los creyentes se sienten conmocionados, asombrados y atónitos cuando esto sucede. Creemos que somos los únicos a quienes les ha sucedido. Esta actitud nos hace vulnerables a que crezca en nosotros una raíz de amargura. Por lo tanto, debemos estar preparados y armados para enfrentar las ofensas, porque la forma en que respondamos a ellas determinará cómo será nuestro futuro. 

La trampa del engaño 
La palabra griega que se utiliza en el texto de Lucas 7:1 para aludir al tropiezo (ofensa) se deriva de la palabra skandalizo. Esta palabra se refería, originalmente, a la parte de la trampa en la que se colocaba la carnada. De allí que la palabra signifique algo así como colocar una trampa en el camino de una persona. En el Nuevo Testamento muchas veces se la utiliza para referirse a una trampa colocada por el enemigo. La ofensa es una herramienta del diablo para llevar cautivas a las personas. Pablo instruía al joven Timoteo, diciéndole: Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a la voluntad de él (2 Timoteo 2:24-26, itálicas agregadas). 
Aquellos que luchan o se oponen caen en una trampa y son hechos prisioneros de la voluntad del diablo. Lo más alarmante es que no son conscientes de su estado. Como el hijo pródigo, deben volver en sí mismos y despertar para poder comprender cuál es su verdadera situación. No comprenden que están vertiendo agua amarga en un lugar de agua pura. Cuando una persona es engañada, cree que tiene la razón, aunque no sea así. 
No importa cuál sea la situación, podemos dividir a todas la personas ofendidas en dos grandes categorías: 1) quienes han sido tratados injustamente, y 2) quienes creen que han sido tratados injustamente. Los que corresponden a esta segunda categoría creen con todo su corazón que han sido tratados en forma injusta. Muchas veces han sacado sus conclusiones basándose en una información inexacta. O su información es exacta, pero la conclusión está distorsionada. Sea cual sea el caso, están heridos, y su entendimiento está oscurecido. Juzgan basándose en presunciones, apariencias, y comentarios de terceros. 

El verdadero estado del corazón 
Una forma en que el enemigo mantiene a la persona atada a su estado es guardando la ofensa escondida, cubierta por el manto del orgullo. El orgullo impide que uno admita cuál es la verdadera situación. 
Cierta vez, dos ministros hicieron algo que me hirió mucho. La gente me decía: "No puedo creer que te hayan hecho esto. ¿No te lastima lo que hicieron?" 
Y yo respondía rápidamente: "No, estoy bien. No me causa dolor". Yo sabía que no era correcto sentirme ofendido, por lo cual negaba mi estado y lo reprimía. Me convencía a mí mismo de que no estaba ofendido, pero en realidad sí lo estaba. El orgullo cubría lo que verdaderamente sentía en mi corazón. 
El orgullo impide que enfrentemos la verdad. Distorsiona nuestra visión. Cuando creemos que todo está bien, no cambiamos nada. El orgullo endurece el corazón y oscurece la visión de nuestro entendimiento. Nos impide ese cambio de corazón, el arrepentimiento, que nos puede hacer libres (ver 2 Timoteo 2:24-26). 
El orgullo hace que nos consideremos víctimas. Nuestra actitud, entonces, se expresa así: "He sido maltratado y juzgado injustamente; por lo tanto, mi comportamiento está justificado". Creemos que somos inocentes y hemos sido acusados falsamente, y por consiguiente, no perdonamos. Aunque el verdadero estado de nuestro corazón esté oculto para nosotros, no lo está para Dios. El hecho de que hayamos sido maltratados no nos da permiso para aferrarnos a la ofensa. ¡Dos actitudes equivocadas no son iguales a una correcta! 

La cura 
En el libro del Apocalipsis, Jesús se dirige a la iglesia de Laodicea diciéndole, en primer lugar, que ella misma se considera rica, poderosa, como si no necesitara nada; pero luego deja al descubierto cuál es su verdadera situación: un pueblo "desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo" (Apocalipsis 3:4-20). Habían confundido su riqueza material con fortaleza espiritual. El orgullo les ocultaba su verdadero estado. 
Hoy en día hay muchas personas así. No ven cuál es el verdadero estado de su corazón, de la misma manera que yo no podía ver el resentimiento que sentía hacia esos ministros. Me había convencido a mí mismo de que no estaba herido. Jesús le dijo a los de Laodicea cómo salir de ese engaño: comprar oro de Dios y ver cuál era su verdadera situación. 

Comprar oro de Dios 
La primera instrucción que les dio Jesús para ser libres del engaño fue: "...yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego" (Apocalipsis 3:18). 
El oro refinado es suave y maleable, está libre de corrosión y de otras sustancias. Cuando el oro está mezclado con otros metales (cobre, hierro, níquel, etc.). se vuelve duro, menos maleable, y más corrosivo. Esta mezcla se llama "aleación". Cuanto mayor es el porcentaje de metales extraños, más duro es el oro. Por el contrario, cuanto menor es el porcentaje de aleación, más suave y maleable es el oro. 
Inmediatamente vemos el paralelo: un corazón puro es como el oro puro (suave, maleable, manejable). Hebreos 3:13 dice que los corazones son endurecidos por el engaño del pecado. Si no perdonamos una ofensa, ésta producirá más fruto de pecado, como amargura, ira y resentimiento. Estas sustancias agregadas endurecen nuestros corazones de la misma manera que una aleación endurece el oro. Ello reduce o quita por completo la ternura, produciendo una pérdida de la sensibilidad. Nuestra capacidad de escuchar la voz Dios se ve obstruida. Nuestra agudeza visual espiritual disminuye. Es un escenario perfecto para el engaño. 
El primer paso para refinar el oro es molerlo hasta hacerlo polvo y mezclarlo con una sustancia llamada fundente. Luego, la mezcla se coloca en un horno donde se derrite a fuego intenso. Las aleaciones e impurezas son captadas por el fundente y suben a la superficie. El oro, más pesado, permanece en el fondo. Entonces se quitan las impurezas, o escorias (es decir, el cobre, hierro o zinc, combinado con el fundente) con lo cual el metal precioso queda puro. Observemos lo que dice Dios: "He aquí te he purificado, y no como a plata; te he escogido en horno de aflicción" (Isaías 48:10). También dijo: "En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo,..." (I Pedro 1:6,7). 
Dios nos refina con aflicciones, pruebas y tribulaciones, cuyo calor aparta impurezas tales como la falta de perdón, la contienda, la amargura, el enojo, la envidia, y otras similares, del carácter de Dios en nuestras vidas. 
El pecado se esconde fácilmente cuando no está al calor de las pruebas y las aflicciones. En tiempos de prosperidad y éxito, aun un hombre malvado parece amable y generoso. Pero bajo el fuego de las pruebas, las impurezas salen a la superficie. 
Hubo un tiempo en mi vida en que pasé por pruebas intensas, como nunca antes había enfrentado. Me volví rudo y cortante con las personas que más cerca de mí estaban. Mi familia y mis amigos comenzaron a evitarme. 
Entonces clamé a Dios: "¿De dónde sale toda esta ira? ¡No estaba aquí antes!" 
El Señor me respondió: "Hijo, es cuando el oro se derrite que brotan las impurezas". Entonces me formuló una pregunta que cambió mi vida. "¿Puedes ver las impurezas en el oro antes de que sea puesto al fuego?" "No", respondí. "Pero eso no significa que no estén allí", dijo él. "Cuando te tocó el fuego de las pruebas, estas impurezas salieron a la superficie. Aunque estaban ocultas para ti, siempre fueron visibles para mí. Ahora tienes que tomar una decisión que afectará tu futuro. Puedes continuar enfadado, culpando a tu esposa, tus amigos, tu pastor y todas las personas con las que trabajas, o puedes reconocer la escoria de este pecado como lo que es y arrepentirte, recibir el perdón y tomar mi cucharón para quitar todas esas impurezas de tu vida". 

Ver cuál es nuestro verdadero estado 
Jesús dijo que nuestra capacidad para ver correctamente es otro elemento clave para ser liberados del engaño. Muchas veces, cuando nos ofenden, nos vemos como víctimas y culpamos a los que nos han herido. Justificamos nuestra ira, nuestra falta de perdón, el enojo, la envidia y el resentimiento que surgen. Algunas veces hasta nos resentimos con quienes nos recuerdan a otras personas que nos han herido. Por esta razón, Jesús aconsejó a la iglesia: "unge tus ojos con colirio, para que veas" (Apocalipsis 3:18). ¿Ver qué? ¡Ver cuál es nuestro verdadero estado! Esa es la única forma en que podemos ser celosos y arrepentirnos, como Jesús ordena a continuación. Nos arrepentimos sólo cuando dejamos de culpar a los demás. 
Cuando culpamos a los demás defendemos nuestra posición, estamos ciegos. Luchamos por quitar la paja del ojo de nuestro hermano mientras tenemos una viga en nuestro ojo. La revelación de la verdad es la que nos trae libertad. Cuando el Espíritu de Dios nos muestra nuestro pecado, siempre lo hace en una forma que parece separada de nosotros. De esta manera nos trae convicción, no condenación. 
Mi oración es que la Palabra de Dios alumbre los ojos de su entendimiento para que pueda ver cuál es su verdadero estado y sea libre de cualquier ofensa que esté guardando en su interior. No deje que el orgullo le impida ver y arrepentirse. * 

lunes, 21 de marzo de 2016

BENDIGO A TODOS MIS AMIGOS DEL FACEBOOK, TENGAN BUEN DESCANSO Y DULCES SUEÑOS !!!!!


TERMINE LA MURALLA !!!!!!

 

¡Termine la muralla!

 

Verne Tolbert

 

“¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más. Ven a compartir la felicidad de tu señor!” (Mateo 25:21). Palabras de aliento para aquellos que sirven a Dios y sienten que reciben poco reconocimiento.

Con cuanta frecuencia oramos: "Dios, danos esta responsabilidad y mostraremos al mundo nuestros dones y talentos". Si solo pudiéramos hacer eso, realmente estaríamos mostrando cómo de verdad se hacen las cosas.
Demasiado a menudo en el ministerio queremos hacer algo espectacular. A menos que algo llegue a nuestras manos, nos sentamos pasivamente pensando que es responsabilidad de otros el hacer tal o cual cosa pequeña. Los años pasan, y nos preguntamos por qué la promoción no golpea a nuestra puerta.

Siendo fiel en lo poco es donde comienza el servicio cristiano. Ambicionar el brillo y el glamour solo para que nos vean muestra nuestro verdadero motivo para el servicio cristiano. Lamentablemente, hemos traído a la iglesia la mentalidad del mundo de querer llegar a la cima por el medio que sea. Hay gran demanda de siervos que laven los pies a los demás.

En cierta ocasión, un profesor me dijo: 
– Se lograría mucho más si no nos preocupáramos tanto por quién se va a llevar el reconocimiento. 
¿No encierra esta frase una gran verdad? ¿Cómo hacemos nuestro trabajo cuando nadie nos mira? ¿Somos responsables cuando nadie lleva un registro de lo que hacemos?
Seamos fieles en lo poco que Dios nos ha asignado. Y cuando parezca difícil servir, acordémonos de Jesús.
Recuerde a Jesús
Los judíos buscaron matarlo en el principio de su ministerio. Según relata Lucas 4:54, Jesús solo había hecho dos milagros, pero en Lucas 5:16 vemos que ya su nombre estaba en la lista negra de los fariseos.
Hemos sido llamados a seguir en sus pasos (vea 1 Pedro 2:21). Vamos a sufrir. ¿Pero no es esta la oración de todo discípulo?: "Lo he perdido todo a fin de conocer a Cristo, experimentar el poder que se manifestó en su resurrección, participar en sus sufrimientos y llegar a ser semejante a él en su muerte. Así espero alcanzar la resurrección de entre los muertos" (Filipenses 3:10-11).

Qué bendición es participar en sus sufrimientos. ¡Nos identificamos con Cristo! ¡Nos estamos convirtiendo más en Jesús!
Y también recuerde esto. En el compañerismo de sus sufrimientos está el poder de su resurrección. El sufrimiento y la crucifixión no evitaron que Jesús resucitara de entre los muertos. De hecho, el sufrimiento y la crucifixión hicieron posible la resurrección. Como Jesús, ¡conoceremos el poder de su resurrección después que suframos con Él! ¿No es esta una maravillosa promesa?

Jesús glorificó al Padre. ¿Cómo? "Yo te he glorificado en la tierra, y he llevado a cabo la obra que me encomendaste" (Juan 17:4).
¿Cuál es la obra que Dios le ha dado? Esta es una pregunta que con frecuencia mi pastor hace a su personal. Nos recuerda que puede haber otros trabajos muy dignos y puede haber otras causas, que valga la pena abrazar. En sí mismas, esas tareas, esas causas, pueden ser muy buenas, quizás hasta dignas de elogio. ¿Pero es eso lo que Dios le ha pedido a usted que haga? Este simpático verso, el preferido de mi abuela, mide las opciones terrenales con el metro de la eternidad: "Solo una vida que pronto pasará; solo lo que se hace por Cristo permanecerá".
¡Sea fiel en lo poco y termine su tarea! Eso es todo. Eso es lo que Dios quiere que hagamos. ¿Por qué nos damos por vencidos? ¿Por qué desistimos? 

En un retiro para voluntarios que trabajan con jóvenes en Juventud para Cristo, uno de los oradores, Tony Williams, explicó las tres razones por las que dejamos el trabajo sin terminar: el enemigo, nuestros hermanos en la fe y las circunstancias. Con una perspectiva celestial, nos exhortó a terminar la muralla.
¡Está haciendo un gran trabajo!
¿Recuerda a Nehemías? Estaba haciendo un gran trabajo (vea Nehemías 6:3). Pero tuvo que enfrentar una fuerte oposición. Primero fue Sambalat, un hombre que, como el diablo, habla de odio. Luego estaba Tobías, que representa a los religiosos que no quieren que hagamos demasiado. Y finalmente, estaba Guesén, cuyo nombre quiere decir "lluvia torrencial", y que representa las circunstancias y dificultades comunes e inesperadas en nuestras vidas.

Estos enemigos se burlaban de Nehemías diariamente, mientras él se esforzaba por reconstruir las murallas de Jerusalén. No cesaban en su intento para que se diera por vencido. Lo ridiculizaban; lo amenazaban. Trataron de avergonzarlo y hacerlo sentir que no valía mucho.

El diablo no descansa en sus esfuerzos para que usted abandone la tarea. Es persistente. Nunca se da por vencido. Es intimidante, pero es mentiroso. Su meta final es debilitar su mano, despojarlo de su poder.
Él quiere que usted caiga hasta el valle de Ono (Nehemías 6:2). Pero dígale: "¡Oh, no! ¡Yo no voy a caer!" Sea como Nehemías: ¡termine la muralla!
Para seguir reconstruyendo la muralla, usted debe saber que esta haciendo un gran trabajo. Ministrar al Señor, ministrar al cuerpo de Cristo y ministrar a los perdidos y sufrientes es un llamado que viene de arriba. ¡No se caiga!

Qué hermosa exhortación la del pastor Williams! Pero, ¿cómo voy a hacer para terminar la muralla? Volvamos a Jesús, el Maestro de maestros. Todo comienza con Él.
Renueve su amor
Es tiempo de renovar su amor. Vuelva su pensamiento al principio. ¿Recuerda haber cantado: "Sublime gracia del Señor que a mí pecador salvó", y haber querido decirle a todo el mundo: "Yo soy ese pecador que por gracia recibió salvación"?
¿Recuerda la gratitud, el fuego? Cuando evalúa dónde se encuentra ahora, ¿acaso se ha debilitado esa llama? ¿Se ha apagado la visión? ¿Ha perdido su primer amor?

Renuévese pasando tiempo a solas con Dios y su Palabra. Renuévese diciéndole a Dios dónde está usted, dónde le duele, cómo se siente. Renuévese rodeándose de hombres y mujeres piadosos que lo animen y oren por usted. Recargue sus baterías. Adquiera energía renovada. Y luego, siga adelante, sin detenerse.